
Rehabilitación de lesiones y enfermedades del hombro
El hombro es una de las articulaciones estelares del cuerpo: gracias a ella, las personas pueden abrazar, cargar, hacer deporte y divertirse. Sin embargo, al ser una de las partes más móviles e inestables del cuerpo, también puede lesionarse con facilidad.
En este blog ya revisamos los diferentes tipos de lesiones ortopédicas. Y en esta ocasión te queremos hablar de los padecimientos más comunes en el hombro, así como de las técnicas de rehabilitación y tratamiento más efectivas para su recuperación.
Problemas del hombro: enfermedades y lesiones
Lo que la mayoría de las personas conoce como “hombro” en realidad es una estructura compuesta de tres grandes huesos (la clavícula, el omóplato y el húmero), anclados por músculos, tendones y ligamentos.



La función principal de esta articulación es dotar de un amplio rango de movimiento al brazo, lo que permite a las personas hacer varias actividades desde rascarse la espalda hasta lanzar una pelota de béisbol.
Sin embargo, esta versatilidad tiene su precio ya que, a la larga, el deterioro de los tejidos blandos puede derivar en dolor, rigidez, inflamación y hasta una eventual pérdida de movilidad.
Así, la mayoría de los problemas de hombro son provocados por situaciones como:
- El envejecimiento y otros cambios degenerativos.
- Uso excesivo prolongado.
- Uso y desgaste continuo (al realizar trabajo manual).
- Lesiones y caídas.
Cabe mencionar que existen otros trastornos –como tumores, infecciones y problemas relacionados con el sistema nervioso– que provocan enfermedades del hombro menos comunes.
Con esto en cuenta, se puede decir que existen cuatro categorías generales de padecimientos del hombro:
- Inflamación del tendón (bursitis o tendinitis) o desgarros
Cuando se inflaman las bolsas o “bursas” del hombro (almohadillas llenas de líquido que reducen la fricción entre los músculos y el hueso), los tejidos y tendones adyacentes también se inflaman o hinchan.
A esto se le conoce como bursitis acromial, debido a la cercanía de la bursa con el hueso del omóplato conocido como acromion.
Este hueso realiza una “compresión” de los tendondes y la bolsa, en movimientos donde se mantiene muy separado el brazo del cuerpo (ya sea al practicar basquetbol, béisbol o voleibol, o incluso en tareas cotidianas como lavar o trapear).
Generalmente, la bursitis se presenta en combinación con tendinitis en la llamada Enfermedad del manguito de los rotadores (estructura compuesta de cuatro músculos pequeños y sus tendones, que cubren la cabeza del hueso del brazo y lo mantienen en la cavidad del hombro).
Sus síntomas son: inflamación, enrojecimiento y aparición de dolor agudo o crónico en la parte superior del brazo.
Otras lesiones como el desgarre del manguito rotador, la ruptura del tendón del bíceps y la separación (desgarro de ligamentos acromioclaviculares), también son comunes.
- Inestabilidad (dislocaciones y subluxaciones)
Una inestabilidad ocurre cuando la cabeza del húmero (extremo del hueso superior del brazo en forma de bola) es forzada a salirse de la cavidad del hombro, debido a una elevación extrema del brazo. Esto se conoce como dislocación.
Las dislocaciones pueden ser parciales o completas. Cuando la parte esferoidal del brazo solo se sale parcialmente de la cavidad se le conoce como subluxación.
Dolor, inflamación, adormecimiento, debilidad, moretones y un brazo fuera de posición, son los principales síntomas.
Asimismo, cuando uno de los ligamentos, tendones o músculos en torno al hombro quedan flojos o desgarrados, pueden ocurrir dislocaciones recurrentes que a su vez elevan el riesgo a desarrollar osteoartritis en la articulación.
- Fracturas (huesos rotos)
Principalmente se presentan en caídas, golpes fuertes en deportes de contacto o en accidentes de tránsito. Generan dolor intenso.
- Artritis
Enfermedad que se desarrolla lentamente y el dolor que produce empeora con el tiempo. Puede ser de dos tipos:
- Osteoartritis: ocurre cuando hay desgaste natural del cartílago en la articulación y los huesos se rozan entre sí.
- Artritis reumatoide: ocurre cuando el sistema inmunitario causa inflamación en la articulación.
Tratamiento y fisioterapia
Generalmente, los problemas del hombro son fáciles de diagnosticar, esto a través de pruebas de imagen como rayos X, tomografías, resonancia magnética y artroscopia.
Si bien la combinación de reposo, hielo, compresión y elevación (el llamado método RICE en inglés) es muy efectiva para reducir el dolor y la hinchazón, su médico también puede prescribirle medicamentos o incluso alguna cirugía correctiva.
Adicionalmente, hoy en día existen innovadoras técnicas de fisioterapia que ayudan a recuperar bursitis, tendinitis y otros males del hombro. Algunas de los más destacadas son:
- Masoterapia. Los masajes relajan la tensión de los músculos (por ejemplo, en caso de compresión de la bursa), disminuyendo el dolor y mejorando la movilidad.
- Electroterapia. Como complemento al masaje, la Estimulación Nerviosa Eléctrica Transcutánea (ENET) es un procedimiento que, mediante la aplicación de suaves impulsos eléctricos a los nervios del área, reduce la inflamación de músculos y tendones, ayudando así a eliminar el dolor residual.
- Ecografía. Se aplican vibraciones de ondas sonoras suaves para calentar el tejido profundo y estimular el flujo sanguíneo al área de la lesión.
- Terapias de calor o frío. La crioterapia (o en su caso la aplicación de calor de forma alternada en la zona afectada), favorece la vasoconstricción y vasodilatación, activando el sistema circulatorio y linfático y ayudando a eliminar el dolor.
- Ejercicios funcionales. Para recuperar rango de movilidad completo y recuperar movilidad y funcionalidad completas, un plan de ejercicio y diseñado por expertos en rehabilitación física es su mejor alternativa. Asimismo, para corregir posibles descompensaciones que deriven en una recaída u otros problemas a futuro, el método Redcord de activación neuromuscular ayuda a restaurar patrones de movimiento libres de dolor, debido a su enfoque controlado, progresivo y gradual.
El siguiente video te muestra cómo, después de una evaluación funcional y una rutina en cuerdas en suspensión, una paciente con problemas de hombro pudo mejorar el alcance de su brazo:
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